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Donde hay dos judíos, hay tres opiniones

“Donde hay dos judíos, hay tres opiniones”, dice un antiguo proverbio judío que resume la esencia de nuestra existencia como pueblo: divididos, en desacuerdo, odiándonos mutuamente. Se puede discutir la veracidad del proverbio infinitamente, pero cuando observamos la sociedad israelí, da la impresión de que lo que más nos une es precisamente el odio. ¿Por qué nos gusta odiar en vano, y cuál es la más rápida vía de escape al amor?

A nivel psicológico la respuesta es clara: una persona que no tiene calma ni entereza y se halla en un desequilibrio emocional, no parece divisar nada en el horizonte, y así comienza a odiar a quienes le rodean y a criticar sus actos. En cambio, una persona calmada, es decir, que su mente y emociones están en equilibrio, es una persona que se encuentra en equilibrio también con el entorno.

El israelí común es lo contrario de lo equilibrado. Se encuentra bajo grandes presiones, entre el consciente y el subconsciente. Le hace falta paz interna y el fuego interno lo consume hasta explotar. Se siente bajo una constante opresión; los niños en la casa lo vuelven loco, los vecinos lo sacan de sus cabales, los gerentes en el trabajo se ensañan con él, los conductores en las carreteras le acosan, se siente desgraciado por causa del gobierno, las naciones del mundo condenan a su país y siempre habrá mil y una razones para que se generen conflictos y fricciones. ¿Cómo estabiliza un israelí generalmente su estado interno? Oprimiendo al prójimo. Se desquita con los demás. Explota contra todo el mundo, se enfurece y luego se tranquiliza.

La falta de equilibrio del pueblo de Israel, a diferencia de otros pueblos, le obliga a alcanzar el equilibrio. Conectarnos entre nosotros, amarnos mutuamente, descubrir la fuerza vital de la naturaleza, para que esta nos estabilice. ¿Qué tiene de especial nuestro pueblo? Nuestro pueblo fue creado en la antigua Babilonia, de una congregación de extraños que sentían rechazo entre sí, y Abraham les enseñó la sabiduría de la Cabalá: cómo elevarse por encima de las diferencias y experimentar un equilibrio entre sí.

El nivel del nuevo contacto les presentó una nueva dimensión de relaciones, una conexión espiritual profunda. Ellos estaban dirigidos hacia la fuerza superior que los unía: Yashar-El (directo al Creador). Con base a este enfoque se creó el pueblo de Israel, y por haber revelado un nuevo camino diseminando el método de conexión, Abraham recibió el nombre de “patriarca”.

Tal como fue entonces, hoy solo si nos elevamos por encima del odio y el rechazo que existe entre nosotros, reconociendo que somos diferentes unos de otros, llegaremos a la paz y a una buena vida. En el sentido material, seremos opuestos de por vida, pero por encima de las turbias relaciones deberemos esforzarnos y construir un puente que nos una. El fuego seguirá ardiendo, el orgullo seguirá creciendo y las demandas se intensificarán, pero precisamente el amor será el que nos conecte. Como está escrito: “el amor cubrirá todas las transgresiones”.

Esta es nuestra forma de existencia, pueblo de Israel. Es la ley de amor que nos reúne y nos unifica. Estos días son los más apropiados para hacer de esto un eco ante el prójimo.

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