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El mundo protesta pero la responsabilidad recae sobre Israel

Desde Chile, Bolivia, Hong Kong, y previamente en el Líbano y Barcelona, una serie de levantamientos en todos el mundo en las últimas semanas han surgido con fuerza compartiendo una demanda común: descontento y falta de esperanza en los gobiernos y el deseo de cerrar el mes dignamente.

Hoy día es suficiente un solo fósforo para encender a la tensa humanidad como a un barril de explosivos, para sacar a las calles a decenas de miles de ciudadanos exaltados.

Si observamos la situación desde una perspectiva amplia es posible encontrar el bien dentro de todo el mal que se revela. En la humanidad comienza a desarrollarse gradualmente una buena relación con la vida.

Una comprensión de que no hay realmente un beneficio en el consumo excesivo, que con la tecnología y la abundancia que existe, lo interior carece de significado como lo más profundo de la vida. Tal vez por momentos surge la pregunta esencial, pero uno no tiene una respuesta clara y concisa. Incluso cuando los regímenes cambian y se calman los ánimos, la pregunta se desvanece y vuelve la vida a su circuito imaginario.

De protesta en protesta, se aclara el discernimiento de que nos acercamos al reconocimiento del mal y que si no cambiamos la naturaleza del hombre, cuya esencia es preocuparse por sus propios intereses, ninguna protesta dará los beneficios esperados. Si no enderezamos a fondo las relaciones entre nosotros, nada será para bien. Sigue leyendo: http://bit.ly/2DplNLQ

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