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Inteligencia Espiritual

Hagan esta prueba: Al chofer A le lleva una hora para llegar del punto (a) al punto (b). Al chofer B le lleva dos horas llegar del punto (b) al punto (a). Si se sabe que ambos salieron al mismo tiempo de los puntos (a) y (b), respectivamente, ¿después de cuánto tiempo se encontrarán? Otra pequeña prueba: califiquen la siguiente declaración del 1 (jamás) al 5 (siempre): “aun cuando hago todo lo que puedo, me siento culpable por cosas que no se hicieron a la perfección”.

No pierdan su precioso tiempo. La respuesta al primer ejercicio, que fue tomado de un examen psicométrico, es 40 minutos. La respuesta a la segunda prueba, que fue tomada de un examen de inteligencia emocional, depende de la capacidad emocional de cada uno. Pero aun cuando hayan solucionado correctamente el examen y estén dotados de una sensibilidad maravillosa, surge la pregunta: ¿Cuánto contribuyen en su vida diaria su capacidad de percepción y sus cualidades intelectuales y emocionales? ¿Solucionan con ellas problemas de la vida común como si fuesen ejercicios matemáticos? ¿Les ayudan a sentir felicidad y seguridad? ¿Se sienten satisfechos con sus vidas?

La inmensa incertidumbre en la que vivimos hoy, nos enseña que estas capacidades no bastan y que necesitamos de una facultad de juicio adicional: la inteligencia espiritual. ¿De qué trata la inteligencia espiritual? ¿De dónde proviene la necesidad de definir una nueva fase en la inteligencia? Y, ¿por qué precisamente ahora?

Según la Sabiduría de la Cabalá, la esencia del hombre de carne y hueso, y con ella la fusión incesante de sus cualidades, sus ambiciones, sus tendencias genéticas, se resume a un deseo natural y simple: el deseo de recibir placer y satisfacción. Al principio del desarrollo del deseo, el hombre recibe placer de la comida, el sexo, la familia, al igual que la totalidad de los seres vivientes sobre la tierra; y a medida que va evolucionando, descubre nuevos placeres humanos que tienen origen en el dinero, el respeto, el control y/o los conocimientos intelectuales.

La inteligencia humana, la capacidad de resolver problemas, comprender nuevas situaciones o enfrentarse con eficacia a estados cambiantes, sirvió al hombre hasta el momento, con la finalidad de proveer las diferentes necesidades que se presentaban frecuentemente. Se trate de una inteligencia cognitiva o emocional, o una combinación de una u ocho “múltiples inteligencias”: verbal, lógica, espacial, musical, fisonómica, personal, interpersonal, o la inteligencia de la naturaleza; todas, sin excepción, fueron creadas para servir nuestros intereses.

Todas estas inteligencias nos han servido y aun lo hacen muy bien, hasta que la naturaleza entró gradualmente a un nuevo nivel de desarrollo y el mundo comenzó a presentarse en un estado global e integral. Esto es, el deseo del hombre particular, tanto como el del mundo en general, se conecta a las partes de los deseos de los demás, de forma inconsciente, y la humanidad se revela en todas sus partes como un solo cuerpo. Traten de imaginar por un segundo: cómo todo es Uno. TODO.

Para ver el universo como un solo espacio, conectado en detalles infinitos y detalles de detalles, en una interdependencia plena y perfecta, se necesita una observación desde un ángulo completamente nuevo. De pronto el individuo no cuenta con la libertad de obrar como quiere dentro del sistema general, y cada actitud o acción de su parte -positivas o negativas-, pueden construir o destruir. A pesar de que la realidad se presenta como una sociedad dividida, fragmentada y repartida en muchísimas corrientes, quien tiene un dedo de frente notará que una fina hebra conecta todo y sentirá la necesidad interna de adoptar una nueva percepción de la realidad, adquirir una inteligencia espiritual según la cual podrá actuar debidamente en el sistema en el que el juego es la interdependencia.

En la nueva red de conexiones que se abre ante nosotros, los conflictos y enfrentamientos visten una nueva cara; aquel que hasta ahora veíamos como a un extraño, se revelará como alguien cercano y querido. El hombre no abusará más del prójimo en beneficio propio, auspiciado por la inteligencia, sino que verá el éxito de los demás como su propio éxito.

Este cambio en el hombre -quien actúa en base a un pensamiento individualista estrecho, abusivo y egoísta- le obliga a considerar con mutualidad y con igualdad a todas las personas, y esto le produce una crisis interior. Resulta que la naturaleza fuerza al hombre, contra su voluntad, a desarrollar una nueva actitud para sentir al prójimo y comprenderlo, un enfoque en el que todos son importantes a la vez, en el que el individuo es importante como el colectivo. Este es el código de entrada al nuevo mundo, que ahora está cerrado para el hombre, para nosotros.

¿Suena imposible o como parte de un sueño? La humanidad ha llegado a un callejón sin salida y esta es una de las pruebas de que ha llegado el momento que la inteligencia global tome el lugar de la inteligencia lineal; la inteligencia altruista cambie la inteligencia egoísta; la inteligencia espiritual ocupe el sitio de la inteligencia material. En otras palabras, debemos promover y desarrollar interiormente un nuevo patrón adaptado al mundo que está fuera de nosotros. Una comunicación correcta con la naturaleza, una adaptación óptima a las leyes del sistema integral que se revelan día a día, la sensación de una sociedad humana como una sociedad uniforme: estas son las condiciones para sentir la felicidad y la seguridad en la nueva era global.

¿Cómo se desarrolla dicha inteligencia espiritual? ¿Cómo se afina la sensación de dependencia absoluta del prójimo? Mediante ejercicios que nos enseña la Sabiduría de la Cabalá. Solo con ese fin es que se revela hoy en día. Si aprendemos a trabajar correctamente, sabremos extraer de la naturaleza la fuerza positiva que se encuentra en ella. La fuerza que nos asistirá para incrementar nuestra sabiduría y avanzar con seguridad, paso a paso, hacia esa felicidad tan anhelada. De otro modo, las leyes de la naturaleza obrarán contra nosotros, y no se producirán más que dolores y presiones que eventualmente terminarán ablandándonos el corazón y enfatizarán la necesidad de esta nueva inteligencia espiritual. Entonces, si ustedes son lo suficiente inteligentes…

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