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La noche del Seder

Como todos los años estamos estancados en multitudes en grandes atascos de tráfico, amontonados juntos alrededor de la mesa festiva y aún así estamos dispuestos a dejar todo de lado para respirar un poco el apreciado ambiente familiar.

El espíritu de la fiesta vence, derroca casi toda amenaza a la seguridad, toda historia de terror, hasta las luchas políticas.

El deseo común de una buena relación entre nosotros nos da energía para esforzarnos, limpiar, comprar, cocinar… y todo para sentarnos alrededor de la mesa y disfrutar juntos.

Después del tercer vaso este deseo se choca con la realidad. La conversación se torna demasiado cortés, los invitados se ponen un poco nerviosos, la ceremonia se hace agotadora, y el ambiente se enfría junto a la comida.

Cada vez queda más claro que el sentimiento que no logramos hallar ese sentimiento que buscamos .

Está ahí. Espera que raspemos un poco la delgada capa polvorienta de encima del corazón, que descubramos el Jametz (leudo) que enturbia las relaciones entre nosotros y evita que realmente nos sintamos bien.

A partir del momento que logremos visualizar una buena imagen, a pesar de las competencias, las criticas y la indiferencia, mantendremos esta imagen y no la soltaremos, y se convertirá en realidad y saldremos del sentimiento de la separación, saldremos de “Egipto”.

Nosotros somos un pueblo especial, especialmente por la capacidad de unirnos y erradicar al ego que nos come por dentro, el ego que nos domina y nos separa.

Si nos preocupáramos el uno por el otro como nos preocupamos por nuestros hijos, recibiríamos de los demás un sentimiento de seguridad tan fuerte, capaz de anular el pensamiento sobre uno mismo, aunque sea por un momento.

Entonces podrá despertarse una fuerza tan grande – la fuerza de conexión, mediante la cual podremos derrumbar las paredes entre nosotros y liberarnos de la esclavitud de cada uno de sí mismo.

Estas no son tan solo palabras bonitas. En nuestras manos se encuentra el método de la conexión, la sabiduría de la Cabalá, con la cual podemos aprender cómo eliminar de nuestro interior lo que fermentó.

Este es un regalo que recibió nuestro pueblo, es nuestro fundamento. Ejerzámoslo y transfirámoslo al mundo.


¡Feliz Pesaj!

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