La Ropa

La Ropa

A través de las generaciones, la ropa ha sido una marca definitiva del estatus económico y social del hombre.

Sin embargo, los últimos tiempos muestran un cambio sorprendente. En todo el mundo, individuos ricos y respetados públicamente ya no siguen el antiguo código de vestimenta estándar.

Hoy, una camiseta sencilla, pantalones de mezclilla y zapatos deportivos pueden ser el atuendo de ricos y pobres por igual.

La sociedad se emancipa de las expresiones de riqueza y rango en el vestir, ahora prefiere el enfoque de “más simple es mejor”.

Todavía en las primeras décadas del siglo XX, los hombres hacían alarde de trajes bien confeccionados, camisas de vestir con mancuernillas y sombreros elegantes.

Las mujeres, ya exentas del corsé, usaban vestidos coloridos y largos, con accesorios que hacían juego de cabeza a pies.

Los diseñadores aún ofrecen modas nuevas cuatro veces al año, pero nuestra búsqueda de expresión personal es diferente. El tiempo pasó y el deseo cambió.

Aunque en gran medida ignoramos de dónde viene nuestra falta de interés por la ropa, la actual generación joven pondera su carácter personal y su mundo interior por encima de los trapos que la cubren.

Esta es la tendencia actual: llegamos al punto donde la persona debe tener más relevancia que su ropa.

Hay un viejo dicho, “No dejes que tu ropa te use”, es decir, la cubierta exterior nunca debería ser más importante que la persona interior.

Llegó el momento de descubrir lo que estuvimos escondiendo debajo de la elegante envoltura exterior.

¿Qué hemos tratando de ocultar? ¿qué anhelamos encontrar? ¿podría ser que hemos estado tratando de cubrir algún tipo de vergüenza?

Según la sabiduría de la Cabalá, que explica los fenómenos en nuestra realidad como ramas de raíces espirituales, existe conexión entre la ropa física y la vergüenza.

Instintivamente usamos ropa para cubrir la vergüenza de nuestra naturaleza egoísta.

Ocultamos el hecho de que albergamos una naturaleza humana que sólo quiere disfrutar a expensas de todos y de todo. Esencialmente, usamos ropa para ocultar nuestro egoísmo.

Como enseña la Torá, después del pecado del Árbol del Conocimiento, el Creador le dijo a Adam que necesitaba vestirse.

Es decir, el deseo egoísta del hombre experimentó un cambio y quedó cubierto con la intención opuesta al amor y al otorgamiento.

Cuando nos ponemos el “atavío espiritual” de la intención común de amar, nos conectarnos y otorgarnos positivamente por encima del ego desnudo y divisivo y creamos un ambiente social de apoyo que promueve valores espirituales altruistas, así alcanzamos el estado espiritual llamado “el amor cubrirá todas las transgresiones”.

Después, nos vestimos en la imagen del Creador.

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