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Lloramos por la destrucción del templo, pero alimentamos su causa

El 9 de Av, un mal día para los judíos.

Desde el nacimiento de nuestra nación, el 9 de Av ha sido un mal día para los judíos. ¿Por qué específicamente ese día?

El calendario hebreo refleja mucho más que nuestra historia. En un plano más profundo, refleja un proceso de transformación: de seres egocéntricos –cuyos corazones son malvados desde su juventud, como narra la Torá (Génesis 8,21)– a una nación conectada y en solidaridad mutua cuyos miembros están unidos “como un hombre con un solo corazón”.

Dentro de este ciclo, el 9 de Av señala un momento de crisis en el que damos la espalda a la unidad y consentimos el egocentrismo.

El evento más traumático ocurrido durante el 9 de Av es, sin duda, la destrucción del Segundo Templo. Sin embargo, no es la propia catástrofe lo que deberíamos lamentar, sino aquello que la indujo: la pérdida de nuestro amor mutuo.
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