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NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE

Los grandes disturbios en el corazón de París son brotes de un cambio en las leyes del juego social económico de toda Europa. Los “Chalecos Amarillos” protestan por el aumento de los precios del combustible y el costo de vida, encienden edificios, queman vehículos y destrozan tiendas en la avenida Champs-Élysées. Ni siquiera la estatua de Marianne, un personaje emblemático de la revolución francesa, que representa la libertad y la sabiduría quedó inmune.

Cuando un europeo, por más desarrollado y capacitado que sea, siente que le están quitando lo poco que le queda en el bolsillo, todo se hace permisivo y surge de su interior ese tono guerrero; y vestido con sus sentimientos de furia sale a la calle a manifestar su enojo, perdiendo el juicio con violencia, enfrentando cruelmente a la ley, destrozando, incendiando, rompiendo y amotinando lo que tenga a mano. Aún si el final es la prisión, no podrá frenarse el ego desmedido.

Y mientras tanto, ¿dónde se encontraba el honorable presidente de Francia, Emmanuel Macron? En la cumbre del G20 llevada a cabo en Argentina, llamando a sus ciudadanos a abandonar la violencia. A su alrededor, los líderes del mundo disfrutaban de un banquete y se codeaban en el espacio de la lujosa sala. También ellos están enceguecidos por el ego que no les permite ver el complicado nudo global que los tiene atados. Cada líder se esfuerza por crear nuevos contactos sin notar cómo la realidad a su alrededor se desmorona.
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