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Viaje espiritual por la tierra de Israel

Los paisajes mágicos de Eretz Israel, una pequeña franja de tierra a las costas del Mar Mediterráneo, sirven como imán de la atención del mundo entero. El primero en descubrirlo fue el patriarca de la nación: cuando Abraham comprendió las razones espirituales de todo lo que ocurre a su alrededor, descubrió que la influencia de las fuerzas espirituales sobre nuestro mundo se desprenden y se expresan con mucha potencia precisamente aquí, en la tierra de Israel. Esta es la razón por la cual trajo a sus alumnos desde el reino de Babilonia a la tierra sagrada.

Desde entonces, esta tierra se considera sagrada para todas las religiones, cada parte en ella emite su influencia espiritual única, y muchas personas sienten por ella sentimientos especiales.

Cinco fuerzas – cinco Sefirot – influyen sobre la tierra sagrada: Keter, Jojmá, Biná, Zeir Anpin y Maljut. Sefirá (en singular) viene de la palabra “Zafiro”, iluminación. Estas cinco Sefirot constituyen cinco niveles de influencia espiritual sobre nuestro mundo, algo como “raíces espirituales” que influyen de alguna forma sobre cada una de las zonas geográficas de esta tierra. Es así que la geografía de la tierra sagrada está compuesta según esta repartición.

La primera fuerza y la más elevada, el comienzo de todo, el pensamiento o plan que se convierte luego en hecho, se denomina Keter y representa la fuerza que influye sobre el monte del Hermón y sus alrededores. Keter (corona) es la cualidad espiritual más elevada, que corona toda la Creación: a partir del plan de la Creación, en el que está incluida también la creación del mundo, pasando por el plan de la evolución de los creados hasta alcanzar su estado futuro de perfección.

Por eso es que el rocoso y majestuoso Hermón, cubierto de blanco en invierno y sumido en un profundo silencio durante el verano, es el punto más alto sobre la tierra de Eretz Israel.

La segunda fuerza se llama Jojmá. Es la personificación del pensamiento, del acto, de la luz que sin la cual no hay vida. Jojmá es el primer estado en la Creación, la “materia” con la que se formó el mundo, la “vasija” en la cual ilumina la luz espiritual.

Los ríos que fluyen del Hermón y se unen al Río Jordán así como los manantiales de agua subterráneos que emergen en esta zona, representan la Luz. Las aguas descienden de la Meseta del Golán, se filtran entre las colinas y los espacios verdes y corren a lo largo de la Galilea. Los cabalistas nombran a las raíces espirituales de estas corrientes con el nombre de Netivei Jojmá (Caminos de la Sabiduría).

Al final de las curvas de tan largo camino, todas las corrientes de agua viva se vierten al Kineret (Mar de la Galilea). El Kineret representa la tercera fuerza espiritual – Biná, que se presenta en el fundamento de la entrega absoluta, sin ningún tipo de miramiento propio, ni siquiera por un momento. Es el pensamiento puro que se enfoca únicamente en el bienestar ajeno.

Biná es la cualidad materna y pura, el amor que abarca todo, que nos protege del egoísmo destructivo y nos dirige hacia el otorgamiento y la entrega. El Kineret es el principal embalse de agua potable que nutre a todo el país, que llena de fuerza vital nuestro entorno sin tomar nada para sí. A través de ella podemos sentir la pureza y la paz.

Desde las blancas alturas del Hermón, a través de la Galilea y el Kineret, las aguas continúan corriendo hacia el Valle del Jordán, que al este del mismo se encuentran las montañas de Yehudá (Judea). La fuerza espiritual que caracteriza esta zona es Zeir Anpin, la cuarta fuerza, responsable del movimiento y la vegetación.

Zeir Anpin es la cualidad del desarrollo, la fuerza responsable de llenar el mundo de vida, fertilizarlo espiritualmente y hacerle prosperar. Al “crecer” gracias a las primeras tres fuerzas, la cuarta fuerza se acerca más a nuestro mundo e influye sobre la zona cercana al Kineret y al centro del país – todo lo que se nutre de Biná. Las aguas del Río Jordán pasan por el Kineret pero no desaparecen en él sino siguen corriendo en su camino hacia el sur.

Desde la vista de pájaro podemos observar este fluido único de las aguas. Así también penetra la sabiduría dentro del atributo del amor y la gracia, pero no es asimilada en su interior. En esta zona hay una extensa agricultura y una alta concentración de población, y aquí también se halla la capital espiritual, Jerusalén, el mero corazón del mundo, que se encuentra exactamente en el centro de Zeir Anpin.

El Muro de los Lamentos, o el muro occidental en Jerusalén, es un punto tradicional para el rezo, que representa la fuerza de superación sobre el egoísmo humano. Según la Sabiduría de la Cabalá, lo único que podemos pedir cuando estamos frente al muro, es elevarnos por encima del ego. Si apuntamos hacia otra meta, el Muro de los Lamentos no será más que un muro para nosotros, y nuestra petición quedará sin repuesta.

No muy lejos del Río Jordán se encuentra el Mar Muerto, el mar de sal, el punto más bajo en el mundo. Aquí se revela la influencia de la quinta fuerza, Maljut.

Maljut significa “reinado”, y es el reino de la Luz futura, que irrumpirá desde el egoísmo absoluto. El nivel del Mar Muerto es 420 metros por debajo del nivel del mar. Debido a la alta concentración de sales que hay en él, casi no contiene vida. El Mar Muerto está bordeado al este y al oeste, por laderas sin vida y solo se pueden ver algunos pequeños y aislados puntos de asentamiento. El agua que se acumula en el Mar Muerto tiene virtud única, baja y densa. Aquí todo es opuesto al origen de donde partieron estas aguas y del que comenzaron su recorrido.
No en vano se le llama “Mar Muerto” y no en vano se “asentó” tan bajo dentro de la tierra.

Maljut representa el propósito final, la meta a la que dirigimos todas las fases que le precedieron. Esta parte, muerta, egoísta, tiene que convertirse en la parte más viva y florecida, asemejarse a Biná, dar y amar.

Así es – desde la abundante zona montañosa, Keter, la corona, fluye el agua hacia abajo, a la zona baja y falta de vida, Maljut, solo para revivirla y hacerla florecer. Así tal cual, desde las alturas de la realidad fluye a nuestro mundo la abundancia de las fuerzas que, por el momento, están ocultas a nuestros ojos. Son Luces que nos devuelven a la fuente de la vida espiritual.

La Tierra Sagrada se sitúa en el mero corazón del cruce entre estas corrientes, en el centro del mundo, y por ello vuelve a surgir una y otra vez en el centro de los acontecimientos mundiales.

Es este un pequeño trozo de tierra que apenas se percibe sobre la faz del planeta, y aun así todo comienza en esta tierra y todo regresa a ella. Aquí se cruza el camino espiritual del hombre, de forma maravillosa, con la meseta y el valle, con el afluente y el río.

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